Hubo un momento en el que
debido a mi dolor y nerviosismo, se me saltaron las lagrimas y me puse a llorar
La señorita que me hacía
las placas, entendió mi nerviosismo y me ofreció una caja de pañuelos para
poder secar mis lágrimas. Esperó a que me restableciera y continuó con las
placa
Esta señorita tenía
apariencia extranjera. Creo que no era española, me pareció alemana o rusa
Una vez terminadas las placas,
me llevaron a la habitación contigua, donde me senté sobre una silla y me
entregaron una gran bolsa blanca con el anagrama del Hospital Clínic donde
pusieron todas mis pertenencias, que a esas alturas eran más bien pocas. Dos
maillots ciclistas rotos y magullados,
el teléfono móvil, algún sandwich que llevaba en los bolsillos y la llave del
coche
Después de algo más de
media hora de estar sentado en esa silla esperando los resultados de las placas
y pasando algo de frío, entre lágrimas cogí el teléfono móvil y marqué el
número de teléfono de mi hermano. Era temprano, no habían tocado todavía las
diez de la mañana
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