sábado, 23 de agosto de 2014


Hubo un momento en el que debido a mi dolor y nerviosismo, se me saltaron las lagrimas y me puse a llorar

La señorita que me hacía las placas, entendió mi nerviosismo y me ofreció una caja de pañuelos para poder secar mis lágrimas. Esperó a que me restableciera y continuó con las placa

Esta señorita tenía apariencia extranjera. Creo que no era española, me pareció alemana o rusa

 

Una vez terminadas las placas, me llevaron a la habitación contigua, donde me senté sobre una silla y me entregaron una gran bolsa blanca con el anagrama del Hospital Clínic donde pusieron todas mis pertenencias, que a esas alturas eran más bien pocas. Dos maillots ciclistas rotos y  magullados, el teléfono móvil, algún sandwich que llevaba en los bolsillos y la llave del coche

Después de algo más de media hora de estar sentado en esa silla esperando los resultados de las placas y pasando algo de frío, entre lágrimas cogí el teléfono móvil y marqué el número de teléfono de mi hermano. Era temprano, no habían tocado todavía las diez de la mañana

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