lunes, 16 de febrero de 2015

La madrugada del Martes, fue muy dura para mí, sobre las cuatro de la madrugada, me desperté con un intenso dolor. Era tan fuerte que se me saltaron las lágrimas y pensaba que se me iba a despegar el brazo derecho del cuerpo. No podía ni mover un solo músculo del dolor que sentía. Fui a la cocina, me tomé una aspirina y mi madre que se había despertado, me puso hielo sobre el hombro derecho
Conseguí que el dolor se calmara un poco y dormí varias horas más
Por la mañana, en mi sesión de rehabilitación, se lo comenté a Carla y me sinceré con ella diciéndole que estaba convencido que el dolor que sentía en el hombro, me acompañaría siempre. Que nunca desaparecería

Muchos momentos lloré de pura impotencia y dolor. Muchas veces pensé que nunca podría volver a salir de ese agujero

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