La madrugada del Martes,
fue muy dura para mí, sobre las cuatro de la madrugada, me desperté con un
intenso dolor. Era tan fuerte que se me saltaron las lágrimas y pensaba que se
me iba a despegar el brazo derecho del cuerpo. No podía ni mover un solo
músculo del dolor que sentía. Fui a la cocina, me tomé una aspirina y mi madre
que se había despertado, me puso hielo sobre el hombro derecho
Conseguí que el dolor se
calmara un poco y dormí varias horas más
Por la mañana, en mi sesión
de rehabilitación, se lo comenté a Carla y me sinceré con ella diciéndole que
estaba convencido que el dolor que sentía en el hombro, me acompañaría siempre.
Que nunca desaparecería
Muchos momentos lloré de
pura impotencia y dolor. Muchas veces pensé que nunca podría volver a salir de
ese agujero
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