En 1993, Armstrong se convirtió en uno de los corredores más jóvenes en ganar el Mundial de ruta, celebrado en Oslo, donde bajo la lluvia dió la sorpresa ante los favoritos. Miguel Indurain llegó segundo.
Al año siguiente, ya con el maillot arcoíris, acabó segundo en la Clásica de San Sebastián y en la Liège-Bastogne-Liège.
El estadounidense aumentó su prestigio como corredor de clásicas tras ganar la Clásica de San Sebastián en 1995 (donde tres años antes fue último). Además, esa temporada consiguió la etapa con final en Limoges en el Tour de Francia. De ese día es muy recordada entre los aficionados la imagen de Armstrong llegando a meta señalando el cielo para dedicar la victoria a su compañero de equipo fallecido en ese mismo Tour, Fabio Casartelli
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